Tal vez, colgar los escritos diarios de uno, manuscritos con el afán abierto de comunicarme y tender un puente tangible de palabras, sirva para salir más allá del cerco cotidiano, la imposición de clausura a nuestros pensamientos más auténticos, la acción que se ve solapada entre las calles de distintas ciudades separadas por el mar, a fin de cuentas, este silencio abrumador al que te somete el aislamiento, las verjas que tapian nuestras islas comunes y nuestros islotes particulares.
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